Marrakech

Consejos antes de visitar Marrakech (Marruecos)

  • ►Marrakech es una ciudad tan única como áspera. Y no me refiero solamente al calor sofocante del verano, con temperaturas que suelen estar por encima de los 40º y hasta picos de 50º, ni al invierno de enero que puede llegar a estar entre fresco y frío en serio, sino a su gente. Los marrakechíes son personas muy distintas a los occidentales en cuanto a costumbres y bastante desaprensivas hacia los turistas, hasta límites de prepotencia. Para ser más precisos, las mujeres occidentales pueden llegar a pasarla mal, es una sociedad extremadamente machista, los hombres de Marrakech son en abrumadora mayoría hoscos y poco flexibles en sus costumbres. En las mesas de los cafés suele haber sólo “machos” y las mujeres que se atrevan a ocupar una silla deberán soportar gestos rigurosos. En la calle las musulmanas caminan por detrás de los hombres y no tienen contacto físico alguno entre ellos, mucho menos muestras de cariño. Los habituales regateos en los comercios y tiendas suelen ser más efectivos si los encabeza un hombre. Y las turistas que se animen a un paseo en solitario tendrán que soportar un asedio que no suele exceder lo verbal, con excepciones (para bien y para mal). El cine occidental no ha hecho demasiado por mejorar la imagen del resto del mundo ante sus ojos, que ven a las turistas como seres de moral promiscua y fácil acceso, por decirlo de manera elegante. Sin embargo, Marrakech es una ciudad segura, se puede recorrer sin contratiempos incluso de noche, con las precauciones mínimas para no ser blanco de algún carterista en la siempre abarrotada plaza Jemaa el-Fna. Pero lo que termina por agobiar a muchos viajeros es la insistencia e incluso los excesos de los vendedores, que acostumbran tratar a los turistas como sacos de dinero con movilidad propia o cajeros automáticos con ojos. Esto es: harán lo imposible y más por extraerles la mayor cantidad posible de dirhams (la empobrecida moneda local), euros, dólares y hasta pesos argentinos (si es que logran identificarlos como billetes de curso legal). A manera de ejemplo, es habitual que, caminando por Jemaa el-Fna, un desconocido nos arroje un mono a nuestros brazos y empuje a nuestro acompañante para que nos tome una foto, con la consiguiente exigencia de dinero a cambio; si recibe una negativa nos obligará a borrar la foto. La escena se repite a cada paso: sonrisas de ocasión del vendedor hasta la tercera negativa del comprador, y adiós sonrisas; muchas veces no se demora un burlón insulto en árabe. A los marrakechíes tampoco les gusta ser fotografiados en la calle, al menos no sin una recompensa monetaria. Otro ejemplo de mi experiencia personal: un obrero transita una calle en un carro tirado por un burro y, ante el gesto inequívoco de un turista al tomarle una foto al animal, el obrero desciende y se acerca con la mano extendida para pedir algunos dirhams. Con todo, Marrakech es una ciudad que vale la pena, una joya única del siglo XI que se mantiene casi inalterable desde el siglo XVI, una experiencia distinta a todo lo conocido, un desafío a los sentidos y a la capacidad de sorpresa.
  • 01-La Medina►Perderse en la Medina. La única referencia en altura dentro de la Medina (la antigua ciudad amurallada) es la mezquita Koutoubia, pero basta meterse en una callecita cualquiera para perderla de vista y ya no hay orientación posible. Las calles son todas iguales, las casas rojas, las murallas rojas, las tiendas, los mercados, todo parece reproducido de manera idéntica metro por metro, y la intrincada disposición de las calles irregulares hace que los mapas resulten inútiles, no existe un plano totalmente fidedigno que represente de manera simple y completa la Medina de Marrakech. Habrá que acostumbrarse entonces a caminar sin rumbo hasta encontrar una plaza, una mezquita que nos resulte conocida o una avenida a la usanza occidental, esto es, una calle por donde circulan autos y ómnibus (y también carruajes tirados por caballos) con veredas a ambos lados para la circulación peatonal. El resto de las callejuelas de la Medina es un laberinto de caminos que se asemejan a paseos peatonales amurallados, pero por los que también transitan bicicletas, motos a toda velocidad, carros con burros y hasta algunos autos o camionetas si el ancho lo permite. Lo ideal es llevar en el smartphone o en una tablet alguna aplicación como Maps.me, que permite descargar los mapas para utilizarlos sin conexión a internet y ubicarse con la marca del GPS.
  • ►Regatear, regatear y regatear. Casi nada tiene un precio fijo en “La ciudad roja“, la norma es negociar. Quizás con los cafés y restaurantes como única excepción, cualquier mercancía tiene un costo variable en función de la técnica empleada para regatear. Cualquier objeto de 50 dirhams en pocos segundos puede pasar a costar 20, para terminar la transacción en tres unidades por cincuenta dirhams y un regalo de la casa. Aceptar el regateo implica un verdadero interés en la compra, por lo que no es recomendable intentar una negociación si finalmente vamos a desistir, lo que en la práctica suele terminar con algún insulto mascullado al pasar. Este ejercicio constante suele agotar la paciencia hasta del viajero más resignado, más aún cuando uno acaba de adquirir una hermosa tetera por nada más que treinta dirhams después de una negociación extenuante y en la tienda de al lado el mismo producto se ofrece por veinte con tendencia a la baja. Pero la realidad es que Marruecos es muy barato para cualquier presupuesto e incluso un abuso comercial tambien puede ser una verdadera ganga para el bolsillo del turista. Una práctica habitual es invitar al comprador con té de menta (quizás lo único gratis en Marrakech) mientras intentan convencerlo de las bondades de algún otro artículo a la venta.
  • 02-Jemaa el Fna►Sorprenderse en Jemaa el-Fna. La inmensa plaza de la Medina es el gran centro comercial de Marrakech. Durante el día es una plaza seca sin demasiados atractivos, pero cuando cae la tarde se puede encontrar de todo: desde comida autóctona muy económica hasta baratijas de toda clase, pasando por prendas de vestir, babuchas (que no son pantalones sino el calzado típico), vajilla, adornos, postales, especias, lámparas, aceitunas, jugos exprimidos, alfombras, cuadros y también músicos callejeros, dentistas ocasionales (con una tenaza como único instrumento quirúgico), tatuadoras de hena, encantadores de serpientes y hasta improvisados rings de boxeo en los que se puede apostar por uno de los contendientes. Todos quieren lo mismo: nuestros billetes. Cuando llega el hartazgo del asedio general, lo mejor es subir a uno de los muchos cafés estratégicamente instalados en las terrazas de alrededor para ver el espectáculo como si se tratara de la introducción de una película exótica pero con sonido ambiente y aromas a especias y cordero asándose en las parrillas. El más famoso es Cafe de France, pero el que ofrece mejores vistas es Le Grand Balcon du Café Glacier (con consumisión obligatoria, por supuesto). Hacia el norte de Jemaa el-Fna están los coloridos souks, los típicos mercados árabes donde es obligatorio perderse en busca de ofertas entre esos callejones infinitos.
  • 03-Di MariaIdiomas como en Babel. Hablar en árabe es complicado, pero los que chapuceen la lengua del Corán deben saber que la variante dariya, el árabe marroquí, es muy diferente al que se emplea en otras latitudes. La mejor opción en Marrakech es el francés, el idioma culto, el que se enseña en las universidades, casi todos lo entienden y parecer ser la lengua común de todos los taxistas de la ciudad. Pero comunicarse con los vendedores es muy simple, conocen las frases básicas de cualquier transacción comercial en todos los idiomas del planeta. Si el comprador se acerca con un “buongiorno” responderán en italiano, si la pregunta es “ne kadar?” dirán el precio en turco y si escuchan un “¿cuánto cuesta?” no sólo hablarán en español sino que terminarán contando que son fanáticos de Angelito Di María, que su corazón es de Estudiantes de La Plata y que prefieren evitar a los hinchas de Gimnasia. Sí, es el único lugar del mundo donde las referencias futbolísticas de Argentina no son exclusivamente Maradona y Messi. No está de más aprender algunas frases básicas en árabe, como “salam” (para saludar), “m’n fadlek” (por favor) y el imprescindible “la, shukrán” (no, gracias) para espantar a los insistentes vendedores.
  • Calesa►Dar una vuelta en calesa. En Marrakech no hay nada parecido al metro (subterráneo o no) y los ómnibus sólo ingresan a la Medina en avenida Mohammed V, por lo que no son de utilidad para los turistas. Así que el medio de transporte por excelencia para el viajero es el taxi, más aún en el agobiante verano, cuando caminar es una tarea para valientes. Pero tiene sus trucos: los taxistas solamente hablan árabe o francés, y casi nadie conoce a las calles por su nombre (a menos que sean las vías más importantes de la Medina). Entonces habrá que buscar alguna referencia cercana a nuestro destino y pronunciarlo en francés, como por ejemplo algo parecido a “mosquée Bab Dukala” si nuestro hospedaje está cerca de la mezquita Bab Doukkala, o “nous allons à Bab Debagh” si nos dirigimos a algún punto cercano a ese bab (los babs son las puertas de ingreso de la muralla). El reloj (taxímetro) es puramente decorativo: siempre habrá que estipular el costo de antemano, y lo más conveniente es averiguar el precio previamente y ofrecer algunos dirhams de más, para no perder tiempo y energías con el regateo. No hay que asustarse si sube un acompañante por el camino u otro pasajero se sienta junto a nosotros, es habitual que aprovechen para hacer varios recorridos en un solo viaje. Pero el transporte más divertido es la calesa, los carros de paseo tirados por caballos que tienen trayectos más o menos fijos por la Medina (es obligación regatear, como en todo, pero también se puede sugerir algún recorrido o desvío en particular) y que transitan por callecitas imposibles, peleando el paso con automóviles en esquinas en las que parece inviable que pueda doblar siquiera una moto. Junto a Jemaa el-Fna está la aglomeración más grande de calesas, pero se las puede encontrar en muchos rincones de la Medina. Para ir a alguna ciudad cercana hay dos opciones: la complicada es tomar un ómnibus en las estaciones de Supratours (en avenida Hassan II, cerca del barrio Gueliz, un par de kilómetros al oeste de la Medina) o de CTM (a doscientos metros de Supratours), pero el servicio es bastante informal tanto en sus imprevistos horarios como en la calidad de los coches. La más cómoda, aunque un poco más cara, es contratar una excursión con una agencia turística o en los mismos hoteles.
  • Hospedarse en la Medina. Hay muchos hoteles lujosos de cadenas internacionales en “La ciudad roja“, pero elegir un cinco estrellas tiene un único pro (la piscina) y una gran contra: están murallas afuera de la Medina, no permiten vivir la experiencia completa de conocer profundamente la ciudad. Dentro de la Medina hay infinidad de riads, las típicas casas familiares convertidas en pequeños hoteles, con la clásica construcción de patio interno, varios pisos con balcones mirando a una pequeña fuente central y ambientación bereber (las tribus del norte africano). Hospedarse en un riad acogedor seguramente se convierta en uno de los recuerdos más placenteros de nuestro paso por la ciudad.
  • 05-CamelloMontar un camello. Quizás sean pocos en este mundo los que hayan viajado a Marruecos y no hayan regresado con una foto donde aparecen disfrazados de bereber sobre la joroba de un camello. El mejor lugar para vivir la experiencia es en El Palmeral, a unos cinco kilómetros de Jemaa el-Fna. Primero hay que llegar, claro, y se puede aprovechar para matar dos pájaros de un tiro e ir en calesa, pero siempre será mucho más barato llegar en taxi, aunque hay que pactar el precio de antemano y cerciorarse de que esperará a que hagamos el paseo en camello. Una vez en El Palmeral también hay que negociar antes de montarse a una joroba, pero aquí no hay demasiado margen para el regateo, ya que los que ofrecen el paseo en camello se encuentran muy distanciados uno de otro, ley de oferta y demanda, tómelo o déjelo. El Palmeral es una gran extensión semidesértica sembrada con cien mil palmeras, las fotos en ese lugar, sobre ese animal y con esas túnicas y turbantes azules serán la gran sensación de Facebook al regreso.
  • Conocer Gueliz. El barrio más moderno de Marrakech está cerca de la Medina, hacia el noroeste, pero no es más que una pequeña adaptación marroquí a los gustos occidentales, un lugar donde cierta clase de turistas suele sentirse más cómodo, con locales de hamburguesas de la conocida marca de los arcos dorados y las mismas tiendas de ropa carísima que pueden encontrarse en las más refinadas avenidas parisinas. Pero Gueliz no deja de ser una excentricidad en un país de tan arraigadas costumbres musulmanes, seguramente hay pocos lugares del mundo donde la mayoría de los comensales de Pizza Hut llevan turbantes en sus cabezas. También es un pequeño escape de la locura de Jemaa el-Fna, sin obviar que es una de las pocas zonas donde todos los negocios tienen aire acondicionado.
  • 06-MajorelleVisitar el Jardín Majorelle. Los museos marrakechíes dejan mucho que desear, están a años luz de sus análogos europeos. La mayoría están descuidados, mal aseados y tienen poca información sobre las obras que se exponen, aunque el atractivo reside en los suntuosos edificios antiguos que los alojan. Dar Si Said y el Museo de Marrakech son un buen ejemplo, aunque las entradas son muy baratas y permiten apreciar las construcciones típicas más soberbias, más aún teniendo en cuenta que no está permitida la entrada a las mezquitas a quienes no son musulmanes. El Palais de la Bahía se dedica exclusivamente a exhibir las dependencias despojadas de la mansión destinada en su momento a ser la más majestuosa de todos los tiempos, mientas que el Palacio El Badi son simplemente las ruinas de la residencia de un sultán del siglo XVI, en aquellos días la gran maravilla del mundo musulmán, hoy vestigios de una lejana opulencia ocupado por cigueñas que anidaron en sus muros. La atracción más visitada son las tumbas saadíes, pero sin dudas la más interesante es el Jardín Majorelle. Con especies vegetales de los cinco continentes, los espléndidos jardines restaurados por Yves Saint Laurent (hay un memorial donde arrojaron sus cenizas) también albergan el elegante museo bereber de Arte Islámico, una verdadera joya en medio del desierto aunque con un acervo bastante limitado.
  • Probar un tajín. El tajín es una vasija de barro cocido con tapa cónica donde se cocinan alimentos. Pero también es el recipiente de misma forma y tamaño (aunque más refinado, decorado y pintado a mano) donde se sirve la comida. Por extensión, cualquier preparado básico marroquí cocinado en un tajín y servido en un recipiente similar lleva el mismo nombre. Para no complicar el asunto: simplemente hay que sentarse en un restaurante o en una mesa de Jemaa el-Fna y pedir un tajín, que tiene varias opciones: pollo, pescado, cordero, ternera, verduras o argán. Pero su sabor único llega de la mano de la gran cantidad de especias que se utilizan en la cocina local. Otro de los platos típicos es el cuscús. Lo que resulta dificil es encontrar un restaurante donde sirvan bebidas alcohólicas, prohibidas para los musulmanes, por lo que hay que estar preparados para que la cerveza que pongan en la mesa sea de graduación cero, o que el daikiri sea apto para infantes.
  • 07-EssaouiraPasar el día en Essaouira. El agobiante calor del verano, el regateo constante y el asedio callejero de los vendedores lleva a muchos viajeros a abandonar pronto Marrakech, mientras que otros pueden estar una semana o diez días pero intercalando algunas excursiones de jornada completa, como la visita al valle de Ourika, a las cascadas de Ozoud, a la vecina Ouarzazate o el exigente periplo de dos noches en las puertas del desierto del Sahara, durmiendo en carpa y montando a camello. Pero Essaouira quizás sea el descanso ideal de Marrakech: tras recorrer solamente 180 kilómetros se llega a una adorable ciudad costera donde la temperatura baja más de veinte grados. Las murallas de la pequeña Medina de Essaouira están asomadas al océano Atlántico, donde el puerto contiguo termina por completar un escenario único atestado de gaviotas. Además, los vendedores no son tan insistentes y los precios son más económicos. Lo más curioso de la ciudad son los bañistas de sus playas, donde se mezclan turistas europeas tomando sol en bikini y musulmanas bañándose en el mar cubiertas de pies a cabeza con sus túnicas.

Cómo llegar

El aeropuerto Marrakech-Menara recibe vuelos directos de diversos países europeos, de Turquía, y de Casablanca y Agadir dentro de Marruecos. Está a tres kilómetros de La Medina y tiene un servicio de ómnibus con muy pocas comodidades. Un taxi hasta cualquier zona dentro de la zona amurallada debería costar menos de 150 dirhams y, por la noche, no más de 200; es mejor estipular el precio de antemano y, como casi todo en Marrakech, conviene regatear.

Visa, pasaporte y requisitos

Hay que tener un pasaporte con validez de al mínimo seis meses desde el ingreso y un billete de regreso. La estancia permitida es de 90 días y para tiempos mayores hay que gestionar un permiso especial en inmigraciones. No necesitan una visa de ingreso los ciudadanos de Argentina, Brasil, Chile, México, Perú, Estados Unidos, Venezuela y España o cualquier otro país miembro del Schengen, entre otros. No se exige un seguro de viaje aunque es recomendable. Si bien por norma general no se piden vacunas para ingresar en Marruecos, a algunos países les exigen certificados de vacunación de cólera (conviene preguntar antes de viajar en alguna embajada o consulado).

Dinero

En Marruecos la moneda es el dirham (MAD) y por estos días el cambio está apenas por encima de MAD10,00 = €1,00 (diez dirhams por cada euro). Hay monedas de 1 a 20 céntimos, de medio dirham, y de 1, 2, 5, 10 y 20 dirhams, y billetes de 20, 50, 100 y 200 dirhams. En algunos comercios de La Medina aceptan tarjetas de crédito y de débito, como así también hoteles y riads (no en todos) y en los locales más grandes. En la mayoría de los establecimientos aceptan euros o dólares, aunque no a la cotización oficial. Las casas de cambio aceptan monedas de gran cantidad de países (como pesos argentinos, por ejemplo) aunque la cotización suele ser muy desfavorable; es mejor ingresar con euros o dólares.

Clima

Tiene un clima semiárido, que en enero está entre 18º y 6º, y en julio suele alcanzar una máxima promedio de 37º y una mínima de 20º, aunque en años recientes la ola de calor llevó la temperatura máxima a casi 50º. Las lluvias son muy escasas en julio (no suele alcanzar los dos milímetros mensuales) mientras que la temporada de mayor precipitación se da entre noviembre y abril, con una media de entre 30 y 40 milímetros por mes. Al ser un clima tan seco el verano no se sufre tanto, pero algunas personas pueden descompensarse con las temperaturas más altas durante las olas de calor.

Idioma

En Marruecos se habla una variante del árabe llamada dariya, magrebí o simplemente árabe marroquí, que es muy diferente en muchos aspectos del árabe estándar (aunque la lengua oficial del país es el árabe clásico, así como el idioma bereber). Para quienes quieran conocer un puñado de términos y frases en dariya hay un mini diccionario en Árabe marroquí básico para turistas. Debido a su historia, en Marrakech es muy habitual el idioma francés (es la lengua culta y, curiosamente, la que utilizan gran cantidad de taxistas) y, aunque el protectorado español se asentó más al sur del país, también está parcialmente extendido el idioma español, incluso más que el inglés. Sin embargo, la mayoría de los comerciantes puede entablar una mínima conversación de carácter comercial en varias lenguas, incluso italiano, turco o ruso.

Cómo moverse

Dentro de La Medina hay que olvidarse de los medios de transporte (más allá de algún paseo en calesa, los carruajes tirados por caballos), ya que casi todos los trayectos se realizan a pie por calles muy estrechas. De todas maneras, quienes quieren acercarse lo más posible hasta su hospedaje en taxi deberán conocer algún punto cercano (como la mezquita Bab Doukkala, la Medersa Ben Youssef, etcétera), debido a que incluso los locales no conocen los nombres de cada calle de La Medina; el taxista se desplazará por las pocas calles a las que puede acceder. Fuera de La Medina, los taxis e incluso los ómnibus de línea (casi siempre atestados de pasajeros) son útiles para ir a lugares como el moderno barrio Guéliz, el Jardín Majorelle, El Palmeral o los jardines de La Menara.

Dónde alojarse

Básicamente hay dos clases de hospedaje en Marrakech: los hoteles más lujosos y all inclusive, y los riads de distintas categorías. La ventaja de los todo incluído suele ser la piscina, prácticamente indispensable en verano, pero la desventaja es que todos ellos se encuentran fuera de La Medina. Los más auténticos y recomendables para vivir una genuina experiencia marroquí son los riads, empresas familiares de pocas habitaciones con estructura de antiguas casonas con un patio central con fuentes o aljibes y mucho color local. Los hay desde muy básicos y asequibles hasta aquellos lujosos y costosos. Casi todos ofrecen desayuno y servicio de hammam (baño turco).

En la web

Dos sitios de internet muy útiles para los preparativos de un viaje a Marrakech son las guías Disfruta Marrakech y Viajar a Marrakech. Pero nada como conocer de primera mano las experiencias de otros viajeros, como las que volcó Patricia en Lo Mío es Viajar y las del excelente blog de Aniko Villalba Viajando por Ahí, ambos también con muchos datos y consejos. Para quienes intenten un primer acercamiento al idioma, hay un curso en línea de árabe dariya en Speak Moroccan que resulta muy útil. Es imprescindible antes de viajar a la ciudad pasar por Maps.me y descargar la aplicación y los mapas para utilizar sin conexión a internet.

En la sección Mapas de Marrakech hay algunos mapas personalizados que serán útiles para visitar por primera vez la “Ciudad roja”.
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Una respuesta a “Marrakech

  1. Hola, muchas gracias por compartir los datos de mi blog y perdon por la demora en la respuesta ( no había recibido la notificacion!).

    Muy completo tu blog, creo que voy a sacar varias cositas para próximos viajes!

    Saludos, Patricia

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