El difícil momento de encontrar un baño

Es un clásico, en algún momento de nuestro viaje todas nuestras alegrías y preocupaciones desaparecen y queda una sola inquietud, una necesidad imperiosa que no permite pensar en otra cosa: ir al baño. Y no hablamos de hacer pis, algo que siempre puede dejarse para un rato más tarde (aunque son varias las mujeres que carecen de ese don), sino de un asunto mucho más serio como la urgencia de sentarse en un inodoro. Vamos, hacer caca, con todas las letras, un apuro que la mayoría de las veces es inoportuno e impostergable.

Es cierto, no es un tema que genere cientos de resultados en Google ni que sea demasiado digno de abordar en una sobremesa en la embajada, pero es algo que hemos sufrido la mayoría de los viajeros, en especial aquellos que dedicamos la mayor parte de las jornadas a recorrer y conocer, y las ganas aparecen cuando uno menos las necesita y entonces es primordial encontrar una solución inmediata.

Mi experiencia personal me ha llevado a conocer lugares sórdidos para ir al baño (si así se pueden llamar a algunos “agujeros” tailandeses) e incluso a descubrir toilets públicos donde el brillo y la limpieza casi invitan a acostarse en el piso (por caso, los de El Born Centre Cultural, en Barcelona), pero lo cierto es que no existe peor instante que aquel en el que el estómago hace su reclamo y tenemos el tiempo contado para encontrar el sanitario salvador. Así que aquí van algunos consejos.

Lo mejor, al menos en mí caso, es comenzar el día bien temprano con un generoso desayuno. No sólo nos proporcionará las energías necesarias para encarar la jornada sino que suele ser el mejor disparador para ir al baño. Y qué mejor que las ganas nos encuentren en nuestro propio lugar de hospedaje, antes de salir a la calle y olvidarnos del tema.

Pero no siempre nuestro cuerpo responde como lo planeamos. Cuando el apuro surge en plena calle la primera opción suele ser ingresar a una cafetería o un bar, donde por el módico precio de un café podremos hacer uso de los excusados, con la correspondiente previsión de llevar consigo papel higiénico (que puede escasear hasta en los restaurantes más caros de la ciudad) o un paquete de toallitas húmedas, tan útiles para funciones tan variadas como refrescarse en un verano inclemente, limpiarse las manos antes de comer, contener el sangrado de una lastimadura (suele ocurrir) o socorrernos en el tema que nos preocupa. Aunque puede pasar que la avidez por acudir a un baño nos sorprenda en una calle hindú donde las cafeterías no tienen siquiera una letrina o en un barrio de Bangkok donde simplemente no hay cafeterías.

Un museo puede ser la gran solución. Incluso los más descuidados del mundo (en Marrakech he visitado más de uno) tienen aunque sea un toilet, pero la mayoría posee las instalaciones más pulcras y brillantes que se puedan imaginar. Incluso en casi todos podremos acceder a los baños sin obligación de pagar entrada, ya que suelen estar en los sectores públicos cercanos a las taquillas.

Los centros comerciales son un clásico para quienes ya no pueden contener las ganas, ya que acostumbran contar con baños impecables. También los hay en estaciones de trenes, ómnibus o metro, aunque no siempre son tan pulcros como uno hubiera deseado. No está de más llevar consigo algunas monedas, ya que puede haber un empleado esperando una propina o, peor aún, las puertas sólo se abrirán si pagamos el importe correspondiente (como en los baños de algunas estaciones de trenes de Lisboa, por ejemplo).

Pero la gran revelación en el tema me llegó a través del excelente blog de viajes de Xixerone: los hoteles. Las cadenas más lujosas tienen incontable cantidad de pasajeros, imposible que adviertan que no estamos hospedados allí. Lo más recomendable entonces es entrar al lobby como si estuviésemos pagando su servicio cinco estrellas y dirigirse sin mayores distracciones al baño más cercano, habitualmente cerca de la recepción. Tampoco es descabellado acercarse a un empleado y preguntar por el “toilet” (funciona en cualquier idioma), a lo sumo pensará que estamos esperando en el lobby a algún huésped.

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