Cómo sobrevivir a un aeropuerto

CDG

Aeropuerto Charles de Gaulle (Paris)

Los aeropuertos suelen ser lugares engañosos, en especial los más grandes. Las aglomeraciones acarrean una sensación de vértigo de la que es difícil escapar, pero al mismo tiempo podemos estar en una sala de espera muy tranquila sin sospechar que nuestro vuelo está a punto de salir a carretear por la pista. Lo mejor es ir con tiempo suficiente para evitar contratiempos: para los vuelos internacionales conviene estar tres horas antes, para los de cabotaje con dos es suficiente. No es extraño que los tramos estén sobrevendidos, es decir, que haya más pasajeros con su ticket que asientos disponibles; estar temprano significa en esos casos asegurarse un lugar en el avión. Para los que llegan sobre la hora del vuelo, la mayoría cierra sus puertas hasta media hora antes del despegue.

Suvarnabhumi (Bangkok)

Suvarnabhumi (Bangkok)

Hay que tener en cuenta que muchos aeropuertos están lejos del centro de la ciudad, y las grandes urbes acostumbran regalarnos congestiones de tránsito que pueden jugarnos una mala pasada. Es una buena precaución llegar al aeropuerto con los tickets impresos. Las aerolíneas permiten elegir los asientos por internet (en ocasiones hay que pagar algún costo extra) e imprimir los pasajes. Recomendación obvia para empacar: los tickets y los pasaportes (y las visas y certificados de vacunaciones, en caso de ser necesarios), siempre en el bolso de mano.

Benito Juárez (México)

Benito Juárez (México)

En el aeropuerto, la primera tarea será buscar los mostradores del check-in para facturar el equipaje. Están divididos por compañías, simplemente hay que buscar la fila de la empresa que operará nuestro vuelo. El equipaje a despachar (la maleta grande, que irá en la bodega del avión) puede pesar entre 20 y 23 kilos, aunque las distintas aerolíneas tienen diferentes límites para los diferentes tipos de vuelo. Cualquier kilo excedente debe pagarse en el mostrador, y puede llegar a ser realmente caro. El bolso de mano debería respetar cierto tamaño y peso, pero habitualmente esa restricción es lo suficientemente laxa como para pasar con una mochila de, digamos, once kilos. Hay que estar atentos a los artículos prohibidos para llevar en el equipaje de mano: líquidos y cremas deben ir en envases de hasta 100 mililitros y en una bolsa transparente con cierre, sin superar un litro en total; nada de botellas con líquidos, ningún objeto cortante ni armas, tampoco herramientas, ni químicos, explosivos, tóxicos o elementos radiactivos. Sí se pueden llevar los aparatos electrónicos y, de hecho, es lo más recomendable: el equipaje de bodega está expuesto al maltrato del personal aéreo e incluso a robos. También es una buena oportunidad para hacer la última recarga de las baterías de nuestros dispositivos, casi todos los aeropuertos tienen enchufes para tal fin.

José Martí (La Habana)

José Martí (La Habana)

Después del check-in quedará entonces algún tiempo libre para disfrutar de las comodidades del aeropuerto, que en algunos casos pueden ser muchísimas: el aeropuerto Singapur Changi tiene 150 locales comerciales, el de Düsseldorf posee una de las mejores y más variadas ofertas gastronómicas, el Duty Free del Suvarnabhumi en Bangkok es prácticamente infinito, el Charles de Gaulle en Paris tiene cómodos sillones para dormir una siesta (a riesgo de perder el vuelo), el aeropuerto Chubu Centrair cuenta con baños tradicionales japoneses, el Schiphol de Ámsterdam tiene una biblioteca gratuita, el de Münich un minigolf y en el Benito Jurárez de México hay un pequeño museo arqueológico. Pero antes de perderse en los laberínticos pasillos de cualquier aeropuerto conviene ubicar la puerta correspondiente a nuestro vuelo y el horario de despegue (ambos datos están impresos en nuestros tickets), y nunca está de más consultar los paneles electrónicos de información con todos los despegues y aterrizajes próximos. Lo que hay que saber es que el Duty Free tiene productos más baratos que lo habitual (ya que está libre de impuestos) y que el resto de los locales comerciales suele aprovecharse de los viajeros y cobrar todo muy caro. En Ezeiza, por ejemplo, una hamburguesa de McDonald’s puede costar más de tres veces lo que sale en cualquier otro local de la misma empresa en el centro de Buenos Aires.

Schipol (Ámsterdam)

Schipol (Ámsterdam)

La sala de embarque es un punto sin retorno, es decir, una vez que entramos ya no podremos salir. O sí, pero el trámite es por demás engorroso: hay que mostrar los tickets y atravesar los detectores de seguridad, lo que implica pasar por un escaner el bolso de mano, las cámaras de fotos, la billetera, la computadora portátil, la cartera, el cinturón y cualquier objeto metálico. En la aduana habrá que declarar cualquier objeto tan costoso por el cual podrían reclamarnos al regreso. Esto es: si viajamos con una cámara reflex, un iPad, una guitarra o un costoso reloj importado, no estaremos muy felices si al regreso a algún agente aduanero se le ocurre que lo compramos en Miami y tengamos que pagar impuestos. Lo mejor es preguntar en el mostrador si esa humilde computadora portátil que llevamos para conectarnos a Facebook durante las vacaciones merece ser declarada.

Fisherton (Rosario)

Fisherton (Rosario)

En migraciones tendremos que presentar la tarjeta de embarque y los pasaportes para el sellado correspondiente. Siempre es útil mantenerlos a mano, lo pueden solicitar en cualquier momento antes de subir al avión. En la sala de espera conviene estar atentos a los avisos del sistema de altavoces, aunque en la mayoría de los casos es imposible distinguir si el locutor dijo que el vuelo AF207 despegará de la puerta E15 o si el TAM8035 tiene una demora de dos horas. Por eso, nuevamente, hay que recordar cada tanto revisar el estado de nuestro vuelo en las pantallas electrónicas. Entonces sí, relajarse y volar.

San Andrés (Colombia)

San Andrés (Colombia)

Después del viaje hay un requisito primordial: recuperar nuestras valijas. Incluso hay conexiones que obligan a retirar el equipaje en el aeropuerto de tránsito y volver a despacharlas al destino final; aunque no es lo habitual, es mejor preguntar en el check-in, cuando despachamos las valijas. Pero todavía quedan más trámites por delante. Al ingresar a cualquier país tendremos que pasar nuevamente por aduana, migraciones y los escáneres del control de seguridad. Y encontrar el pasillo indicado suele ser engorroso y serán varias las ocasiones en que nos preguntemos si estamos yendo en el sentido correcto. Lo habitual es seguir a la multitud con la que acabamos de compartir el vuelo, aunque quizás algunos pasajeros vayan en busca de una conexión y muchos otros simplemente estén tan perdidos como nosotros. Entonces habrá que prestar especial atención a los carteles indicadores o consultar a algún empleado del aeropuerto. En las terminales más grandes hay cintas transportadoras, ómnibus y hasta trenes gratuitos para desplazarse dentro del aeropuerto.

BangkokRecoger el equipaje en destino siempre es un problema que requiere armarse de paciencia zen. Primero hay que encontrar la cinta de las valijas que corresponde a nuestro vuelo, después habrá que esperar (nuestra maleta jamás es la primera en aparecer, ley de Murphy mediante) y, cuando finalmente llega nuestro equipaje, hay que sortear la multitud impaciente para “pescar” nuestros bolsos antes de que desaparezcan nuevamente al final de la cinta transportadora. También hay estar atentos ante la posibilidad de que cualquier turista despistado (o demasiado listo) se alce con nuestras pertenencias. Casi en ningún aeropuerto se verifica si los adhesivos del equipaje recogido coinciden con el número de ticket, por lo cual, en la práctica, cualquiera puede irse con cualquier valija. Y no serían precisamente las mejores vacaciones si empezamos sin nuestra ropa. Por eso, es una buena idea marcar las malestas con algún pañuelo que reconozcamos fácilmente. Ante cualquier inconveniente hay que dirigirse de inmediato a la oficina de atención al pasajero más cercana.

Santos Dumont (Rio de Janeiro)

Santos Dumont (Rio de Janeiro)

Si es el vuelo de regreso a casa, conviene tener a mano los tickets o recibos de los productos que hayamos comprado durante el viaje. Es que es el momento de pagar impuestos, para los que cada país tiene un límite distinto de compras en el exterior. En Argentina, por ejemplo, se permite ingresar libremente con productos nuevos adquiridos en el extranjero por un monto de hasta 300 dólares, y se debe pagar la mitad del excedente. Esto significa que si un argentino compra en Tailandia una cámara de 700 dólares, en la aduana de Ezeiza deberá pagar U$D200 (para este ejemplo, 700-300/2=200) o su equivalente en moneda local. Los menores de 16 años tienen liberada solamente la mitad de la franquicia (U$D150). Un buen método para que nuestras compras no llamen la atención del personal de aduana y evitar posibles demoras es deshacerse previamente de paquetes, cajas y envoltorios, y llevar encima los productos, por ejemplo, la tablet bajo el brazo, la cámara colgando del cuello y el reloj en la muñeca. Pero tampoco es cuestión de exagerar: cualquier turista que regrese a casa con cinco electrónicos encima y una campera de abrigo cerrada hasta el cuello en pleno verano va a despertar las sospechas de todo el aeropuerto. Y entonces hay que hacer lo que hay que hacer: pagar.

Anuncios

¿Preguntas? ¿Algo que opinar?

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s